Introducción

Buscar este blog

Acerca de mí

Mi foto
René Moya
💡 Programo, estudio, escribo en blogs. También trabajo en publicidad y marketing en la web y redes sociales.
Ver mi perfil completo
503
La Chambrosa 503
Noticias, chismes y actualidad de El Salvador
X @chambrosa503 Síguenos en X →

El hombre que siempre dice “estoy bien”… y por dentro está quebrado

Hay un tipo de hombre que se volvió experto en una actuación diaria: la de responder “todo bien” aunque por dentro esté hecho pedazos. No porque sea fuerte. No porque sea de hierro. Sino porque si se quiebra, queda mal.

Si se queja, “es débil”. Si pide ayuda, “exagera”. Si se calla, “es frío”. Y así, entre la pared y la pared, el hombre aprende a tragarse la vida como si no tuviera garganta.

La gente cree que el silencio es tranquilidad. No lo es. A veces el silencio es cansancio acumulado, frustración guardada, rabia contenida y miedo a decir lo que realmente pasa. Porque decir la verdad tiene costo: te juzgan, te etiquetan, te usan en tu contra o te miran con ese desprecio disfrazado de “consejo” que en realidad es puro veneno.

La rutina que te exprime sin pedir permiso

Te levantás temprano aunque hayas dormido mal. Te bañás rápido. Te vestís sin ganas. Te vas a trabajar con la cabeza cargada, con el cuerpo pesado y con la mente en modo automático. Llegás como sea: en bus, en moto, a pie, en carro prestado, con la economía colgando de un hilo… y aun así el recibimiento es el mismo:

Viniste 5 minutos tarde.”
No enviaste el correo ayer.”
¿Por qué respondés así en el grupo?

Como si fueras una máquina. Como si no tuvieras vida, problemas, noches malas, ansiedad, cuentas, o ese hueco en el pecho que nadie ve. No importa si ayer diste el 110%. No importa si hoy venís sosteniéndote con aire. Lo único que cuenta es el error, el atraso, lo que faltó.

Y lo peor: a veces ni siquiera te lo dicen con respeto. Te lo tiran como quien tira basura. Porque en muchos lugares trabajar no se siente como trabajo… se siente como sobrevivir en un ambiente donde todo se mide, todo se critica y nada se valora.

El “proveedor” que solo vale si produce

Y cuando termina el día, cuando por fin salís, cuando lo único que querés es descanso, llegar a casa y sentir un poquito de paz… ahí viene la segunda jornada: la emocional.

No siempre te reciben con cariño. A veces te reciben con reclamo. Un mensaje no contestado. Una respuesta “muy simple”. Un “ya no sos el mismo”. Un “ni atención ponés”. Y ojo: no se trata de culpar a nadie. A veces la otra persona también viene cargada, también está cansada, también tiene su propio infierno. Pero igual duele, porque vos venís vacío y te piden que todavía des.

Lo crudo es esto: a muchos hombres se les enseña que su valor está amarrado a lo que proveen. Si proveés, sos digno. Si no proveés, sos un “fracasado”. Si te va mal, “es tu culpa”. Si estás cansado, “no te quejés”. Si estás triste, “hacete hombre”.

Y esa idea es una trampa. Una trampa que mata por dentro, porque no te deja ser persona. Te deja ser función.

La trampa del “quedar mal”

El hombre que siempre dice “estoy bien” no es el que no siente. Es el que siente demasiado y aprendió a esconderlo. Porque en la vida real, especialmente en Centroamérica, mostrarte vulnerable te cuesta respeto. Y muchos prefieren aguantar antes que perder esa máscara que los mantiene “aceptables”.

Entonces se vuelven expertos en:

  • sonreír por compromiso,
  • responder con “jaja” cuando no tienen ganas,
  • guardarse la rabia para no explotar,
  • tragarse la tristeza para no preocupar a nadie,
  • aguantar hasta que el cuerpo comience a cobrarlo con insomnio, gastritis, tensión, ataques de ansiedad o una irritabilidad que no entienden ni ellos mismos.

No es drama. Es realidad.

Nadie te prepara para cargar con todo

Nadie te enseña a manejar la presión constante. Nadie te enseña a decir “no puedo” sin sentir culpa. Nadie te enseña a pedir ayuda sin vergüenza. Te enseñan a resistir, a trabajar, a seguir, a “ser hombre”.

Y sí, ser hombre a veces se siente como una jodida mierda cuando tu vida es puro rendimiento: rendir en el trabajo, rendir en la casa, rendir con el dinero, rendir con el humor, rendir con la paciencia, rendir con todo… aunque estés quebrado.

Lo más irónico es que mucha gente no quiere un hombre real. Quiere un hombre útil. Mientras funcione, está bien. Cuando empieza a fallar, estorba.

No estás “mal” por sentirte así

Si sos ese hombre que siempre dice “estoy bien”, te voy a decir algo directo: no estás roto por sentirte cansado. Estás cansado porque has aguantado demasiado en silencio.

No necesitás convertirte en víctima. Pero sí necesitás algo básico: un espacio donde puedas hablar sin ser juzgado. Un amigo de verdad. Un familiar con madurez. Un lugar donde no tengas que actuar.

Porque el problema no es que seas débil. El problema es que te han vendido la idea de que sentir es debilidad, y eso es mentira. Sentir es humano. Lo que no es humano es vivir como robot.

El “estoy bien” no es una respuesta, es una alarma

El hombre que siempre dice “estoy bien” muchas veces no está bien. Está sobreviviendo. Está aguantando por los demás. Está callando para no quedar mal. Está haciendo lo que puede con lo poco que le queda.

Y ojalá algún día dejemos de medir a los hombres por lo que producen y empecemos a verlos como lo que son: personas.

Porque nadie debería tener que ganarse el derecho a ser amado solo por proveer.

Publicar un comentario

0 Comentarios

Ad Code